05 junio 2009

Anécdota Arbitral

Nunca antes de empezar a arbitrar, hubiera pensado que los amigos que iba a hacer en este mundillo, fueran a ser tan dispares y diferentes. Eramos universitarios, estudiantes de instituto, médicos, abogados, administrativos, comerciales, pero sobre todo y por encima de todo estaba Monfill, Mike Monfill. Lo de Miguel, era el no va más. Una persona que siempre le había gustado el baloncesto, y que ésto de arbitrar pues le "llenaba" como a todos nosotros. Pero... joder, él era único en su "especie". Solo pude arbitrar con él apenas dos partidos en mis 10 años de arbitraje, y el espectáculo nunca faltaba. Que manera de pitar faltas técnicas. Junto con otro árbitro, batieron el récord de faltas técnicas pitadas en un partido. Pitaron más técnicas, que faltas en ese partido. Se las pitaron hasta a el público, pensando que había sido el banquillo que protestaba. Pitaba técnicas por todo y a todos, por insultar, por blasfemar, por gritar... En aquella época, se arbitraba casi siempre al aire libre, y esa frase célebre que él decía, no se me olvidará nunca. "Ya podían hacer los tiempo muertos de más de un minuto, para que me diera tiempo a fumarme un cigarro". Fumaba y fumaba a todas horas, y físicamente no estaba muy a tono que digamos. Una hermosa barriga y un bigote adornaban su persona. Con esa"pose" de brazos en jarra, y su barriga sobresaliendo como un embarazo de 15 meses, no había nadie que le hiciera frente.

Solo me queda recordar lo gran persona que es, y lo buen compañero que fue.

01 junio 2009

Anécdotas Arbitrales 3ª

Tercera:

Acababa de venir un compañero de su curso de ascenso (no le fue muy bien por cierto), el caso es, que quiso acompañarnos a mi compañero y a mi, ya que "pitábamos" a unos 45 km. Ese día nos acompañaba mi novia (ahora mi mujer), Pablo mi compañero de partido, y Nacho. Tremendo este Nacho, apodado "el Pilas". A Nacho le llamaban así (entre otros muchos apodos), debido a lo "eléctrico" que era, cuando señalizaba las jugadas. Vamos que pitaba una falta en ataque y recorría casi 15 metros de pista sacando el puño (falta en ataque) y haciendo aspavientos con las manos (no vale, no vale nada). Era la monda, pero no arbitraba nada mal.

El caso, es que ese día que arbitrábamos, Nacho que había recién llegado de su curso (y no había quedado muy bien clasificado), se encontraba un poco bajo de moral, y nos pidió si podía acompañarnos. Así que los cuatro salimos para allá, el partido era importante y los dos equipos se jugaban la liga, no nos podíamos relajar en absoluto. Llegamos 40 m antes al pabellón, nos fuimos directamente al vestuario y nos cambiamos de ropa. La llave del vestuario se la dejamos a Nacho, por si... hubiera que ir rápidamente hacia él. Ese día nos salió muy bien el partido y tanto Pablo como yo lo "bordamos". Eso sí, el equipo de casa había perdido, y aunque el entrenador nos felicitó, así como los jugadores, el público es eso... personas sin cerebro, así que unos cuantos insultos nos llevamos. "Nacho vete y abre el vestuario rápido", le dije, cuanto menos estemos aquí mejor. Cuando llegamos a la puerta, estaba cerrada, y le dijimos: "..pero abre la puta puerta, tío". "No encuentro la llave, joder", nos dijo. Lo que nos faltaba, arbitramos un partido "cojonudo", nos felicitan ambos equipos al completo, y el público nos da de "Host.." porque el "subnormal" de Nacho no sabe donde tiene la puta llave. Eso es lo que se me pasó por la cabeza en ese instante.

Nacho dijo: "Tranquilos que tiro la puerta abajo", y mientras cogía carrerilla como en las películas, le dije: "Si la tiras cómo la vamos a cerrar luego capullo". El no se detuvo, y
se pegó una santa leche contra la puerta que salió rebotado, y empezó a quejarse: "Ayyy, mi hombro, joder que daño me he hecho, ayyyy, ayyyy, me lo he roto". Ni se lo había roto ni nada de nada, pero un golpe y de los buenos, sí que se había dado.

"Espera, que la tiro de una patada", dije yo. Y acto seguido, le dí una patada a la puerta que... no la tiré, pero la hice un boquete con el pie que no veais. Por supuesto, tal y como iba el día y con la suerte que la teníamos un poco cruzada, pues que no podía sacar el puñetero pie. Y ahí estaba yo con la pierna a media altura y el pie metido en el vestuario. Solo estaba seguro de una cosa, que si venian a zurrarnos lo único a salvo que estaría sería mi pie, pero también estaba seguro que si venia alguien, yo no podría salir corriendo, jejejejeje. Despues, de un par de minutos pude sacar el pie descalzándome y con la ayuda de Pablo, ya que Nacho no estaba muy entero.
Deslicé la mano, y quité el seguro a la puerta y unos 20 m después del partido pudimos acceder al vestuario.

Alguno se preguntará, por qué no llamamos al celador del pabellón por si tenía otra copia de la llave, pero lo cierto es que era uno de los que más chillaba del público, así que esa idea la desechamos desde el principio.

Lo mejor fue después del partido, fuimos por ahí a tomar algo los cuatro y fue una de las mejores tardes que he pasado de mi vida, riéndonos todos de lo que había pasado.

Por cierto, al celador del Pabellón le dijimos que alguien nos había roto la puerta, mientras estábamos dentro cerrando el acta del partido. Y que la llave se la habíamos dejado encima de la mesa del vestuario.